La transición energética y el reto de incorporar el talento femenino joven al sector

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La transición energética no es solo uno de los grandes desafíos económicos y sociales de nuestro tiempo. También representa una enorme oportunidad para transformar el empleo, generar nuevas capacidades profesionales y construir sectores más sostenibles e innovadores. Sin embargo, existe una pregunta clave que hoy empieza a cobrar cada vez más fuerza: ¿estamos aprovechando realmente todo el talento disponible para liderar esta transformación?

Este fue el eje central del programa de mayo sobre Diversidad Generacional del Foro de los RRHH, impulsado por el Observatorio Generación & Talento de la Fundación Máshumano, que abordó las conclusiones del informe “Coste de oportunidad de la brecha de género en la transición energética”, desarrollado por ClosinGap y Enagás.

En el programa participaron Enagás, representada por Susana Toril, directora de Personas y Diversidad; ClosinGap, con la participación de su directora general Lucila García; y el Observatorio Generación & Talento, de la mano de Elena Cascante, su directora.

Durante el espacio, se puso sobre la mesa una realidad especialmente significativa: aunque las nuevas generaciones —y especialmente las mujeres jóvenes— muestran un alto compromiso con el cambio climático y con los sectores vinculados al impacto social y ambiental, esa implicación todavía no se traduce en una presencia equivalente dentro del ámbito energético.

Un sector estratégico… con una brecha persistente

Uno de los grandes temas abordados durante el programa fue precisamente la dimensión del empleo vinculado a la transición energética y el desequilibrio de género que todavía existe en este ámbito.

El informe de ClosinGap y Enagás. refleja una ratio aproximada de 0,3 mujeres por cada hombre en el sector, evidenciando que la incorporación del talento femenino sigue siendo limitada pese al crecimiento y las oportunidades que ofrece esta industria.

Además, el análisis no se limita únicamente a la representación laboral, sino que cuantifica también el coste económico y de competitividad que supone no incorporar más talento femenino a un sector clave para el futuro.

Porque la transición energética no solo va a transformar modelos productivos; también va a redefinir el empleo y las capacidades profesionales más demandadas durante los próximos años. Y, precisamente por ello, la falta de diversidad supone perder innovación, competitividad y potencial de crecimiento.

Las nuevas generaciones sí muestran interés

Uno de los aspectos más interesantes del debate fue el análisis generacional.

Desde el Observatorio Generación & Talento se destacó cómo las generaciones más jóvenes muestran una sensibilidad mucho mayor hacia el cambio climático, la sostenibilidad y el propósito social del trabajo. Sin embargo, esa predisposición no siempre encuentra un camino claro hacia el acceso real al sector energético.

Tal y como se expuso durante el programa, el reto ya no es únicamente despertar interés. Ese interés existe. El verdadero desafío está en convertirlo en oportunidades reales de incorporación, desarrollo y progresión profesional para las mujeres jóvenes.

En este sentido, se abordaron cuestiones como:

  • La necesidad de fomentar vocaciones STEM desde edades tempranas.
  • La importancia de hacer visible el potencial profesional del sector.
  • El papel de la formación, el reskilling y el desarrollo de nuevas capacidades.
  • La adaptación de las organizaciones a las expectativas de las nuevas generaciones.

Empresas y talento: una transformación compartida

Durante el programa también se analizó cómo las empresas están abordando esta transformación y qué está en juego si no se acelera el proceso de incorporación de talento diverso.

Desde Enagás se puso el foco en la importancia de generar entornos capaces de atraer talento joven y femenino, así como en el impulso de iniciativas ligadas a la formación continua y el reskilling.

Porque las nuevas generaciones no solo buscan empleo. Buscan organizaciones alineadas con sus valores, con impacto social y con posibilidades reales de aprendizaje y crecimiento.

Esto obliga a las compañías a evolucionar no solo desde el punto de vista tecnológico, sino también cultural y organizativo.

Una oportunidad estratégica para el futuro

El programa concluyó con una reflexión compartida: cerrar la brecha de género en la transición energética no es únicamente una cuestión de igualdad. Es también una oportunidad estratégica para el crecimiento económico, la innovación y la competitividad futura.

La transición energética concentrará gran parte del empleo y de las capacidades profesionales más demandadas en los próximos años. Aprovechar todo el talento disponible será clave para afrontar con éxito esta transformación.

Y ahí, las nuevas generaciones tendrán un papel decisivo.

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