Foro Pensamiento Crítico e IA - MSD

El pensamiento crítico, clave para que las personas dirijan la inteligencia artificial y no se conviertan en sus servidores

La incorporación de la inteligencia artificial al entorno laboral está transformando la manera de trabajar, aprender y tomar decisiones. Sin embargo, el verdadero desafío para las organizaciones no consiste únicamente en adoptar nuevas herramientas tecnológicas, sino en desarrollar las capacidades humanas necesarias para utilizarlas con criterio, autonomía y responsabilidad.

Esta es una de las principales reflexiones abordadas por el Observatorio Generación & Talento de la Fundación Máshumano en el Foro de Trabajo celebrado en la sede de MSD, en el marco de su investigación sobre el impacto de la inteligencia artificial en la diversidad generacional de las organizaciones, que desarrolla a través de diferentes encuentros con su Red de Empresas y un Comité de Expertos en la materia.

En esta ocasión, el encuentro puso el foco en el pensamiento crítico como una competencia fundamental para afrontar los retos que plantea la inteligencia artificial en el ámbito profesional.

Fátima Álvarez, experta en pensamiento crítico e IA

Para Fátima Álvarez, filósofa y experta en pensamiento crítico y ética, esta capacidad siempre ha sido importante, pero la expansión de la inteligencia artificial ha hecho todavía más evidente la necesidad de desarrollarla.

La experta explicó que el pensamiento crítico está relacionado con la calidad de nuestro razonamiento y con la manera en que construimos nuestras ideas, analizamos la información y elaboramos conclusiones.

En un contexto en el que la IA proporciona respuestas de forma inmediata, esta competencia adquiere una dimensión especialmente relevante: permite cuestionar los resultados, contrastar la información y mantener la autonomía en la toma de decisiones.

Álvarez defendió la necesidad de convertir el pensamiento crítico en una competencia que se traduzca en el desempeño profesional, de manera que no quede limitado a una capacidad teórica o a una declaración de intenciones.

En palabras de la filósofa, es lo que permitirá a las personas «conducir a la IA y no ser siervo de ella».

Además, subrayó que, cuando las organizaciones tienen acceso a herramientas tecnológicas similares, el elemento diferenciador se encuentra en las personas.

«Al utilizar todos las mismas herramientas, la ventaja competitiva que podemos tener viene de la mano del desarrollo de las personas», afirmó.

Uno de los principales desafíos identificados por la experta es la distancia que todavía existe entre el reconocimiento de la importancia del pensamiento crítico y su desarrollo efectivo en las organizaciones.

Aunque la necesidad de contar con profesionales con criterio propio está ampliamente aceptada, no siempre se traduce en prácticas concretas que favorezcan esta capacidad.

Según Álvarez, una de las razones es que no existe suficiente conocimiento sobre cómo desarrollar el pensamiento crítico o qué mecanismos pueden utilizarse para incorporarlo a la actividad cotidiana.

En este sentido, defendió la importancia de generar espacios para la reflexión, el cuestionamiento y el análisis, entendiendo que dedicar tiempo a pensar no supone detener la actividad, sino mejorar la capacidad de avanzar con un propósito.

La experta destacó, además, que el pensamiento crítico puede entrenarse y convertirse en un hábito. A medida que se incorpora a la práctica profesional, su aplicación resulta más natural y ágil.

Esta reflexión plantea un reto para las empresas: favorecer entornos de trabajo en los que los profesionales no se limiten a aceptar las respuestas de la inteligencia artificial, sino que puedan analizarlas, cuestionarlas y decidir cómo utilizarlas.

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La edad no determina la capacidad de pensamiento crítico

La diversidad generacional fue otro de los aspectos abordados durante el encuentro.

Fátima Álvarez cuestionó la idea de que pertenecer a una determinada generación implique necesariamente disponer de mayor o menor capacidad de pensamiento crítico.

«No precisamente la edad te da necesariamente más pensamiento crítico», señaló, advirtiendo del riesgo de establecer relaciones automáticas entre edad y capacidad de razonamiento.

Aunque las personas de mayor edad pueden aportar una experiencia acumulada que enriquezca el análisis y la toma de decisiones, los profesionales más jóvenes pueden mostrar una mayor apertura a nuevas perspectivas o una menor vinculación con determinadas creencias.

No obstante, Álvarez insistió en que estas características no deben convertirse en generalizaciones, ya que pueden reforzar estereotipos generacionales.

Por ello, defendió la importancia de crear escenarios en los que profesionales de distintas generaciones se encuentren y colaboren, aprovechando la diversidad de experiencias, conocimientos y perspectivas.

Este enfoque sitúa la colaboración intergeneracional como una oportunidad para enriquecer el pensamiento colectivo y mejorar la capacidad de las organizaciones para afrontar los cambios tecnológicos.

El Foro de Trabajo celebrado en MSD forma parte de la línea de análisis que desarrolla el Observatorio Generación & Talento de la Fundación Máshumano obre el impacto de la inteligencia artificial en las diferentes generaciones que conviven en las organizaciones.

A través de estos encuentros con empresas y expertos, el Observatorio busca profundizar en los desafíos que plantea la incorporación de la IA y en las capacidades que deben potenciarse para garantizar una transformación tecnológica centrada en las personas. Esta investigación se materializará próximamente en un estudio realizado con la Universidad de Loyola como socio académico.

Las reflexiones de Fátima Álvarez ponen de manifiesto que el valor de la inteligencia artificial no dependerá exclusivamente de su capacidad tecnológica, sino también de la preparación de los profesionales para utilizarla de manera crítica y consciente.

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