El Observatorio Generación & Talento continúa avanzando en su ciclo de trabajo sobre el impacto y los desafíos de la IA para las diferentes generaciones en el ámbito laboral. La Red de Empresas del Observatorio se reunió en la sede de la Fundación Más Humano para trabajar sobre Inteligencia Artificial y la Generación X. ¡ Lejos de los tópicos que a veces los sitúan como una generación “rezagada” ante la tecnología, el debate ha dejado dos ideas claras: la generación X está acostumbrada al cambio permanente y posee un pensamiento crítico especialmente sólido. Dos fortalezas decisivas en el contexto actual.
Una generación entrenada en el cambio (y, por tanto, en la resiliencia)
La generación X ha vivido la transición del mundo analógico al digital, la expansión de internet, la globalización, varias crisis económicas y ahora la irrupción de la IA. No es una generación ajena al cambio; es una generación moldeada por él.
Durante el Foro de Trabajo, se insistió en desmontar el sesgo que identifica edad con resistencia tecnológica. La adaptación no depende de la fecha de nacimiento, sino de la curiosidad y la mentalidad abierta. Como se comentó en el encuentro, pertenecer a la generación X no implica estar desfasado; la verdadera diferencia está en la actitud frente al aprendizaje.
De hecho, se subrayó la importancia del “learning by doing” como vía clave de actualización. La formación práctica, experimental y aplicada resulta especialmente eficaz: probar, equivocarse, ajustar y volver a intentar. No se trata solo de asistir a formaciones generales, sino de segmentarlas por perfiles, departamentos y necesidades reales.
Además, se puso sobre la mesa una cuestión estratégica: la empleabilidad futura. En un mercado donde la IA puede automatizar tareas operativas y técnicas, el verdadero riesgo no es la tecnología en sí, sino la pérdida de competitividad si no se produce una adaptación continua. Por ello, la actualización constante no es una opción, es una responsabilidad compartida entre organizaciones y profesionales.


El pensamiento crítico como ventaja competitiva frente a la automatización
Si hubo un consenso transversal fue este: el pensamiento crítico es la gran fortaleza diferencial de la generación X.
En un entorno donde la IA puede generar textos, imágenes, análisis o recomendaciones en segundos, lo que marca la diferencia no es saber usar una herramienta concreta, sino saber cuestionar el resultado. Interpretar. Contextualizar. Detectar sesgos. Tomar decisiones responsables
Durante el debate se habló de la dicotomía que vive el profesional ante la IA:
- Por un lado, el agobio ante la posibilidad de ser reemplazado en tareas técnicas.
- Por otro, la conciencia de que la tecnología no puede sustituir la capacidad de juicio, la experiencia acumulada ni la gestión humana.
En una entrevista laboral, afirmar “sé usar esta herramienta de IA” puede resultar útil. Pero demostrar capacidad de análisis, criterio propio y visión estratégica es mucho más difícil… y mucho más valioso.
También se abordó el tema de los sesgos, la desinformación y la calidad de los datos. En este terreno, la generación X mostró una especial sensibilidad: usar IA no significa aceptar sin cuestionar. Significa utilizarla como copiloto, no como sustituto del criterio profesional.
Productividad sí, pero ¿para qué?
Uno de los miedos expresados fue el concepto de “mejora de la productividad”. ¿Se traduce en menos personas o en mejor trabajo?
Aquí emergió un debate esencial: la IA puede liberar tiempo de tareas repetitivas pero ese tiempo debe reinvertirse en aquello que la tecnología no puede hacer: liderazgo empático, feedback de calidad, comunicación, desarrollo de equipos.
Si la mejora de productividad se orienta a elevar la calidad y el impacto del trabajo humano, la IA es una aliada. Si se orienta exclusivamente a la reducción de costes, puede generar desconfianza y ruptura generacional.
Lo que pueden hacer las organizaciones
Del debate surgieron líneas de acción concretas:
- Diseñar planes de formación en IA enfocados a la oportunidad, no a la amenaza.
- Personalizar itinerarios de desarrollo según perfil profesional.
- Fomentar comunidades de práctica donde compartir casos reales de uso.
- Impulsar mentoring bidireccional: seniors aportan experiencia y soft skills; juniors, actualización tecnológica.
- Establecer marcos claros de ética, regulación y seguridad en el uso de IA.
- Reforzar el liderazgo empático como elemento diferenciador humano, etc,
Especialmente interesante fue la idea de mantener y reforzar competencias tradicionales: comunicación, empatía, capacidad de gestión, pensamiento crítico. Porque cuanto más potente es la tecnología, más valioso se vuelve lo que no puede replicar.
En un momento en el que la automatización avanza a gran velocidad, quizá la pregunta no sea si la generación X sabrá adaptarse, sino si las organizaciones sabrán poner en valor todo lo que esta generación puede aportar en la era de la inteligencia artificial.

