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La Inteligencia Artificial ya forma parte del día a día de las organizaciones y, especialmente, de la realidad profesional de la Generación Z. Para quienes se incorporan ahora al mercado laboral, convivir con herramientas de IA no es una novedad, sino una circunstancia natural de su entorno de trabajo.
Pero esta familiaridad con la tecnología plantea nuevos interrogantes. ¿Está ayudando la IA a los jóvenes profesionales a desarrollarse más rápido? ¿Existe el riesgo de generar dependencia? ¿Cómo puede preservarse el pensamiento crítico en un contexto donde las respuestas parecen estar siempre al alcance de un clic?
Estas fueron algunas de las cuestiones analizadas en el último Foro de los RRHH de Capital Radio, organizado por el Observatorio Generación & Talento de la Fundación Máshumano, dedicado a los desafíos de la Inteligencia Artificial para la Generación Z. En el programa participaron Elena Cascante, socia directora del Observatorio Generación & Talento, junto a tres profesionales de esta generación: Ojer Miranda (Enagás), María del Carmen Herrera (Ilunion) y Alejandro Milikowsky (Bluetab).
Una generación que llega al mercado laboral con ventaja digital
Durante el programa, Elena Cascante recordó que la investigación que está desarrollando el Observatorio Generación & Talento sobre el impacto de la IA en la diversidad generacional ha permitido identificar cómo cada generación vive esta transformación de forma diferente.
En el caso de la Generación Z, existe una ventaja evidente: son nativos digitales y han crecido en un entorno donde la tecnología forma parte de la vida cotidiana. Esta familiaridad les permite adaptarse con rapidez a nuevas herramientas y entornos digitales. Sin embargo, la tecnología por sí sola no garantiza el éxito profesional.
Según explicó Cascante, el verdadero reto consiste en encontrar el equilibrio entre las capacidades tecnológicas y las capacidades humanas, evitando que la IA sustituya procesos de reflexión que siguen siendo esenciales para el desarrollo profesional.
La IA como herramienta de aprendizaje… pero no como sustituto
Los tres participantes coincidieron en que la Inteligencia Artificial se ha convertido en una herramienta habitual para agilizar tareas, resolver dudas y acelerar procesos de aprendizaje.
Alejandro Milikowsky explicó cómo, en sus primeros usos profesionales, llegó a apoyarse excesivamente en la IA para resolver determinados desarrollos técnicos, hasta darse cuenta de que estaba obteniendo respuestas, pero no necesariamente aprendiendo. Fue entonces cuando decidió cambiar su forma de utilizarla y convertirla en una herramienta de apoyo, no en un sustituto de su propio trabajo.
Una reflexión compartida también por María del Carmen Herrera, quien destacó que la IA permite ganar productividad y ahorrar tiempo en numerosas tareas, siempre que se utilice con criterio y sin renunciar al análisis propio.
En la misma línea, Ojer Miranda señaló que la clave está en utilizar estas herramientas para mejorar profesionalmente y no para dejar de pensar. Para él, la Generación Z tiene la oportunidad de aprovechar la tecnología sin renunciar a la capacidad crítica que caracteriza el aprendizaje real.

Inteligencia Artificial y pensamiento crítico
Uno de los grandes temas abordados durante el foro fue la relación entre Inteligencia Artificial y pensamiento crítico.
La rapidez con la que las herramientas generativas proporcionan respuestas puede generar la tentación de aceptar información sin cuestionarla. Sin embargo, los participantes coincidieron en que precisamente ahora resulta más importante desarrollar la capacidad de contrastar, contextualizar y validar la información.
Desde el Observatorio Generación & Talento se identificó esta cuestión como uno de los principales desafíos para todas las generaciones, aunque especialmente relevante para quienes comienzan su carrera profesional en un entorno donde la IA está plenamente integrada en los procesos de trabajo.
Porque, como se puso de manifiesto durante el debate, el verdadero valor profesional no estará únicamente en saber utilizar herramientas tecnológicas, sino en aportar criterio sobre la información que generan.
Lo humano sigue siendo diferencial
Frente a quienes plantean la Inteligencia Artificial como una amenaza para el empleo, los participantes defendieron una visión más equilibrada. La IA puede automatizar procesos, generar contenidos o ayudar a resolver problemas, pero sigue existiendo un amplio espacio reservado a las capacidades humanas. La creatividad, la empatía, la comunicación, la capacidad de construir relaciones, el liderazgo o la comprensión del contexto continúan siendo elementos diferenciales que las organizaciones seguirán necesitando.
Durante el debate surgió una reflexión especialmente ilustrativa: cuando las personas tienen un problema importante, siguen prefiriendo hablar con otra persona antes que con un sistema automatizado. Porque las respuestas pueden ser correctas desde un punto de vista técnico, pero la comprensión del contexto y la empatía siguen siendo profundamente humanas.
¿Qué papel deben jugar las empresas respecto a la IA y la diversidad generacional?
La investigación sobre IA y diversidad generacional que está desarrollando el Observatorio Generación & Talento pone también el foco en la responsabilidad de las organizaciones. No basta con implantar herramientas de Inteligencia Artificial. Las empresas deben acompañar a los profesionales en su adaptación a estos nuevos entornos, ayudándoles a desarrollar competencias que complementen el potencial tecnológico.
La formación en pensamiento crítico, la capacidad de análisis, la toma de decisiones, la comunicación o la gestión ética de la tecnología serán aspectos cada vez más relevantes en la empleabilidad futura.
Una generación llamada a convivir con la IA
La principal conclusión del foro es clara: la Generación Z tiene la oportunidad de aprovechar las ventajas que ofrece la Inteligencia Artificial, pero su desarrollo profesional dependerá de algo más que del dominio tecnológico.
En un contexto donde las herramientas son cada vez más accesibles y potentes, el verdadero valor diferencial seguirá estando en las personas. La capacidad de cuestionar, interpretar, crear, conectar y decidir continuará siendo el elemento que marque la diferencia entre utilizar la tecnología y depender de ella. Y precisamente ahí, en la combinación entre inteligencia humana e inteligencia artificial, se encuentra uno de los grandes desafíos para el futuro del trabajo.

